Berny estaba solo en su habitación. Concentrado. Imaginaba hasta lo que pasaba en su estómago cuando tomaba un buen trago de refresco de cola. Como era costumbre, sus padres estaban sentados frente al televisor (casi como estatuas) con una bolsa de frituras encima de una de sus ingentes barrigas.
El resultado de dos padres promedio –esos dos seres regordetes, asexuados y asquerosos pensaba Berny– era un hijo promedio. Hasta ahora, eso era él.
Los cómics eran su único escape: Androman, La legión de los hombres de plata, El hombre ciber-sónico, Metaboy. En ellos veía lo que su padre nunca sería. Su habitación era su santuario: una cama grande para su ancho cuerpo, una computadora veloz, decenas de columnas de cómics en repisas y recovecos (con una pequeña porción de revistas para adultos, claro está), pósters de caricaturas y videojuegos. Le gustaba entrar en chats, ponerse nombres falsos pero mas encantadores como Mike o Leo (sin darse cuenta que a la vez eran nombre de sus tortugas ninjas). Eso lo hacía esconder al gordo, feo y promedio Berny. Al final, nadie quería hablar con Mike o Leo. Terminaba por vociferar en contra de los que estaban ahí.
¿Porqué intentaba construir (o mas bien emular) una vida en un espacio virtual? Berny no era bien recibido por los demás en la escuela. ¿Porqué no le hablas a superman para que ayude a subir las escaleras gordito?… Tienes tetillas de mujer… Miren, ahí viene barney el dinosaurio… hola barneeeeey. En fin.
En el condado de Queens se celebraría un concurso: Primer concurso de Eructos. Esa era la oportunidad de Barney de ser alguien, de ser el mejor que todos en algo. Ya no sería más barney el dinosaurio o el gordito sudoroso. No señor. Ese sería su superpoder, eso lo haría grande.
El día llegó, sólo tenía que hacer algo que hacía a la perfección. No más. Era su turno de demostrar quién era el rey. Imaginaba que sería llamado el King del eructo. Estaba listo para su gran eructo, un momento antes se le vino a la mente una imagen donde el eructaba y todos salían volando del lugar.
Berny tomó aire y lo soltó. No salió por el lado correcto. Ahora es recordado por ser El King de la flatulencia.